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18 octubre, 2020

COLUMNA CRÓNICAS URBANAS

COLUMNA CRÓNICAS URBANAS

La tarde del 7 de marzo de 2010, Horeb Francisco Rodríguez Villela, de 24 años, fue atropellado por una pipa mientras conducía una motocicleta; segundos después del accidente sentiría un dolor en la pierna derecha, aunque su principal inquietud era llegar al trabajo.

Laboraba en una empresa de construcción e infraestructura como ayudante general, y en ese momento, tirado sobre una avenida de Nextlalpan, Estado de México, su pueblo natal, el intenso dolor se conjuntaba con la desesperación de que el tiempo corría en su contra.

La verdadera dimensión del accidente fue constatada una semana después, cuando el médico lo puso en un dilema mientras convalecía en la cama de un hospital: o le amputaban la pierna o moría.PUBLICIDAD

El doctor le dijo que esperaría la llegada de un familiar para que autorizara la intervención quirúrgica, y se encaminó hacia la puerta; sin pensarlo mucho, Horeb Francisco se comunicó con la abuelita para preguntar su parecer, no obstante que él ya había pensado en su decisión, a lo que ella respondió: “Yo te quiero con vida”.

Y Horeb alzó la voz:

—Doctor…

El médico regresó.

—Diga.

—En dónde le firmó.

Con 24 años, cumplidos por esos días, Horeb no titubeó cuando su abuela, de 75 años en aquel entonces, fue breve en su respuesta.PUBLICIDAD

Han pasado 10 años desde que perdió la pierna derecha; en ese tiempo nada le ha impedido a este hombre, siempre sonriente, no solo participar en competencias de ciclismo paralímpico, sino de mantener empleos.

En ese lapso, asimismo, ha recibido la solidaridad de personas, incluso de extraños, que aplauden su persistencia; y aunque no siempre es suficiente, toda ayuda es buena, desde un dulce a una botella de agua -“oooh”, exclama- que ayudan a mitigar la fatiga en sus entrenamientos; también ha superado sinsabores, lo que ha permitido ayudar a su abuela y continuar en el deporte.

De lunes a viernes vende pan del establecimiento Carosam, ubicado en el número 96 de la calle Hidalgo, lote 25, colonia Villas de Guadalupe Xalostoc, municipio de Ecatepec, Estado de México.

En las instalaciones del negocio le permiten ocupar un cuarto, pues en estos tiempos de pandemia trabaja por las mañanas, las tardes y parte de la noche, siempre en un triciclo, mientras acciona la grabadora de su teléfono con la canción que interpreta Tin Tan en la película El Panadero.

***

Y es en Villas de Guadalupe donde Horeb Francisco Villela, de 34 años, recuerda que durante aquella tarde de la tragedia sentía “dolor, dolor, dolor” y preocupación por llegar al trabajo.

Y lo llevaron al hospital.

—Se hizo la lucha por 7 días- dice.

—¿Qué más recuerdas?

—Me quitaron la arteria de la otra pierna para ponerla en la accidentada, pero no pudieron salvarla y me dijeron que tenía 5 días para decidir si me la cortaban, porque la infección me iba a empezar a subir.

En el transcurso de su convalecencia, dice, “esperé a que el tiempo se detuviera, pero como no fue así, pues yo tampoco me detuve”, y se preparó para seguir con su vida, pero sufría demasiados calambres.

A los 7 meses lo dieron de alta y más tarde unos amigos le ofrecieron trabajo en un taller de computadoras, así que poco a poco se reintegró a la vida social; dejó las andaderas y usó unas muletas, pero los especialistas le llamaron la atención pues tenía que obedecer las indicaciones.

Estuvo en varios trabajos, entre estos en un restaurante; viajó a Cancún, Quintana Roo, y al poco tiempo regresó a Nextlalpan, donde participó en una carrera de ciclismo con una bici prestada.

Le atrajo esa actividad y fue a la Comisión Nacional del Deporte, con la idea de que le dieran una bicicleta, pero le asignaron un entrenador.

Horeb siguió con sus entrenamientos de ciclismo, incluida la ruta de Nextlalpan-Pachuca, ida y vuelta, así como sus rutinas en el gimnasio.

—¿No tienes temor por otro accidente como el de la moto?- se le pregunta cuando se sabe que entrena en carreteras.

—No. Literalmente las ruedas de ahora se convirtieron en la otra pierna que no tengo, porque con ella me pongo mi zapato y me subo a la bicicleta, que es mi transporte; me bajó, me recargo en ella, es mi pierna…

—¿No has pensado en una prótesis?

—Sí, pero es muy cara.

—¿Cuánto?

—Arriba de 300 mil pesos.

Y con esfuerzos extraordinarios, que incluyó la venta de una de sus bicicletas, en septiembre de 2019 viajó a Holanda para estar en la Carrera Mundial de Ciclismo Paralímpico. Desde entonces Horeb pertenece a la Selección Mexicana de Paraciclismo.

***

En 2017 un amigo lo invitó a trabajar en una panadería; primero hizo pan y seis meses después salió a vender en un triciclo.

—¿Cuál es tu itinerario?

— Recorro lo que es Villa de Guadalupe Xalostoc, aproximadamente como 8 kilómetros, porque entras y sales de las calles, entre algunas que están cerradas, y hay que darle la vuelta.

Y sí, se le acompaña unos minutos en su trajinar por estas calles con baches, algunas estrechas y otras de doble sentido.

—¿Hasta aquí llegaste?

—Siempre que llego a un límite me pregunto: ¿Eso es todo o habrá más? Entonces busco opciones. No soy de los que se están quietos- dice y suelta carcajadas.

Así es Horeb: ríe mucho.

—No te satisface.

—Siempre he pensado qué más puedo hacer, porque los gastos de la bicicleta son extraordinariamente carísimos, y como que digo: okey, cómo los voy a solventar; ahorita estamos en cuarentena y no tengo tantos gastos, no es mucha la demanda que nos pide el entrenador; no se desgasta tanto la bici, pero aún así hay que comprar cosas.

—Tienes gastos de la bici.

—Sí, la manutención es cara; estamos hablando que es de 700 pesos el servicio; se lleva una o dos veces al mes, y eso que estamos hablando del más barato, y dices: ¿Y las llantas, los frenos, tú ropa, tus lentes?, porque cuando haces cuentas, dices: ¿De dónde sale todo?, no lo sé. Es un gasto muy grande.

—Hay gente que te ayuda.

—Sí, nos ha tocado como dos veces: “Ten, cómprate lo que quieras…” Y dices: “guau”. O hay gente que te ve entrenando y te dice: “Mira, yo no ocupo estos rines, ten, te los regalo”. Y tú dices: “Ah, qué chido”. O: “Ten estas llantas”. Y dices: Órale, ¿no?

—¿Y el gobierno?

—Es que yo no estoy en ese parámetro todavía, pues como no soy medallero olímpico, no hay nada de eso. Yo soy de los que están empezando y mi disciplina es muy cara. Porque solo una bici Tope de Gama, para que te des una idea, cuesta como 250 mil pesos. De ahí para arriba.

—¿Y la tuya?

—Como 35 mil pesos, más o menos, sencilla; es, digamos, un vocho contra un Fórmula 1, y dices: “¿De dónde?- comenta y lanza una carcajada.

—¿Hay intenciones de tener un propio negocio?

—No sé si poner un negocio, no sé aún cómo será, pero andamos en busca de ser autosuficiente y de la ayuda en la sociedad.

Y allá va Horeb Francisco, a bordo de un triciclo y su canasta de pan, a veces dando tumbos por las calles de Ecatepec, mientras avisa de su presencia con la canción entonada por Tin Tan en la película El panadero, el panadero con el pan, y hasta niños salen a comprar.