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2 agosto, 2020

COLUMNA DE GAURI MARÍN

COLUMNA DE GAURI MARÍN

Nuestro sistema de justicia penal criminaliza y castiga a los sectores marginados. Opera a través de prejuicios y estigmatiza a los pobres: donde existen condiciones de pobreza, no sólo prevalece la fuerte sospecha de que se está cometiendo un delito, sino que los operadores del sistema aplican la máxima de: “primero te detengo, luego ya vemos”. Y en ese “luego ya vemos” se van días, meses y años. Así ocurrió en el caso de Adelfo Gómez y su familia. Para contar su historia, primero habría que remitirnos a otro caso igual de doloroso. Se trata de la desaparición de un niño de dos años, Dylan Esaú, en un mercado de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el 30 de junio. El caso de Dylan bien pudo haber sido uno más de la gran mayoría de delitos que se dejan en el olvido. No obstante, distintas organizaciones ayudaron a la madre, Juana Pérez, a presionar colectivamente y llevar a los medios el caso, de tal manera que el 20 de julio se logró que Juana partiera rumbo a la Ciudad de México para solicitar el apoyo del presidente. No parece ser coincidencia que, ese mismo día, la Fiscalía General del Estado de Chiapas anunciara que, derivado de la búsqueda de Dylan, se habría desmantelado una red de trata de menores bajo la modalidad de trabajo forzado en un barrio de San Cristóbal. El fiscal, Llaven Abarca, precisó que se detuvo a 3 mujeres y se rescató a 23 menores, los cuales “mostraron desnutrición y condiciones precarias”, estaban hacinados y “eran obligados a vender artesanías”. Y si bien este suceso fue reproducido ampliamente por la prensa nacional, no tuvo la misma cobertura el hecho de que todos los menores pertenecían a una misma familia tzotzil, como lo declararon los tíos y en especial la madre de 5 de los menores y tía de los otros, quien, además, señaló que esta confusión e injusticia no comenzó el 20 de julio, sino cinco días antes con la detención de su padre y abuelo de los menores, Adelfo Gómez. El 15 de julio, mientras Adelfo vendía collares, unos policías se lo habrían llevado a la fiscalía, porque se le había visto en compañía de un niño parecido a Dylan. Adelfo fue encarcelado y días después las autoridades catearon su domicilio, dando con la supuesta red de trata de menores. Los familiares afirman que los policías que lo acusaron nunca declararon formalmente y que, además, esta semana se les comunicó que Adelfo se había ahorcado en su celda, cuando en varias fotos se muestra su cuerpo con varios golpes y heridas. https://www.milenio.com/opinion/gauri-marin/columna-gauri-marin/castigar-a-los-pobres-satisfacer-a-la-opinion-publica