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12 octubre, 2019

FUSILERÍAS

MILENIO COLUMNA

Con la frase “Je me suis trompé” (“me equivoqué”), recuerda el escritor chileno Jorge Edwards, Pablo Neruda respondió en 1971 a un reportero de L’Express sobre su entusiasta promoción del régimen de Stalin entre los años 40 y principios de los 50, a cuyo líder camarada dedicó incluso una oda, tema que lo distanció de otros grandes poetas y lo persiguió hasta su muerte en 1973.
“Después de las confesiones de Nikita Kruschev sobre los crímenes de Stalin y el culto de la personalidad, en 1956, Neruda sufrió un cambio silencioso, doloroso, dramático”, relata Edwards en un texto publicado en El Cultural en 2017, en el que resalta también la reconciliación del Nobel con enemigos literarios y políticos como Vicente Huidobro, su paisano, y Octavio Paz. Una trama similar ha asaltado este jueves al austriaco Peter Handke, polémica incluida en su designación como ganador del Premio Nobel de Literatura 2019, ya que explotaron de inmediato las minas de su pasado, el de los años 90, cuando rindió honores ante la tumba del líder serbio Slobodan Milosevic, enjuiciado en La Haya después de ser capturado por las fuerzas de la OTAN, por crímenes de lesa humanidad durante la guerra de los Balcanes. Se le cuelgan 200 mil vidas durante 13 años de gobierno. PUBLICIDAD The Guardian recuerda que apenas en el cercano 2014, este novelista y dramaturgo había dicho que el Premio Nobel debería ser abolido por ser “una falsa canonización”, frase que tomó al vuelo el filósofo esloveno Slavoj Žižek para decir que la designación de este año prueba que su colega estaba en lo correcto. “Esto es Suecia hoy. Un apologista de crímenes de guerra recibe el Nobel. Nuestra reacción debería ser quitar ese premio a Handke y darle el de la Paz a Julian Assange”. Años atrás, a propósito del Premio Heine rechazado por Handke después de una controversia internacional por el mismo tema (esa distinción incluye alguna leyenda sobre la “solidaridad humana”), Günter Grass (citado por The American Scholar) reprochó el doble rasero con que se mide a los escritores, como si se les pudiera conceder el derecho a equivocarse como una especie de favor. Grass, quien ya siendo Nobel fue también motivo de polémica cuando se dio a conocer su pasado juvenil en las unidades nazis de combate Waffen SS, pero que él mismo había deslizado con un personaje de su libro Mi Siglo, un fotógrafo a quien no queda otra opción, como a todo adolescente alemán de su época, más que alistarse. El tema con Handke, a quien nadie ha escatimado en estas horas convulsas valía y genio literarios, es que su involucramiento con el Carnicero de los Balcanes fue con la convicción de un adulto ya afianzado en las letras europeas, por lo que no hay punto de comparación con el caso del autor de El tambor de hojalata. Unas horas después de la discusión, sin embargo, entre una avalancha de críticas, el escritor Héctor Orestes Aguilar nos ayuda a tener la foto completa con una cita de 2010 del premiado: “Pero reitero, enojado; reitero lleno de rabia contra los criminales, comandantes y estrategas serbios: Srebrenica es el peor crimen contra la humanidad cometido en Europa después de la Segunda Guerra”.  https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda/fusilerias/tres-nobel-neruda-grass-y-handke